miércoles, 11 de marzo de 2009
Anoche de vuelta a casa tenía la sensación de que me habían dado un pack de vida nueva, andaba en otra dirección, con pasos descoordinados. Mi habitación nueva. Demasiado grande y vacía, vacío. Volver a cargarlo de historias nunca viene mal, igual que todas las calles que ahora son mías, y que hace solo unos meses no sabía en cual de ellas se escondían los besos, las mejores risas, los abrazos eternos, las monumentales borracheras o las jodidas despedidas. Ahora sí, y lo mejor de todo es que aún me queda por descubrir. Pues lo mismo, estoy deseando que mi habitación empiece a decorarse con todas esas cosas, mientras espero en la cocina.
sábado, 7 de marzo de 2009
viernes, 6 de marzo de 2009
No se si en el momento en el que perdí a un lector, gané a un amigo. Quizás no leyó mi despedida, cuando prometí que no lloraría por una despedida triste, simplemente tenía que acabar. Ahora es distinto, ahora vuelve a Madrid y sigue sin saber que en su momento me despedí, porque no quería perderlo.
Busca en la cocina dos olores que al juntarlos huelen a tí.
La despedida fue distinta, fue como tenía que ser.
Ojalá un día lo leas, porque ya no hay nada que perder, ni que ganar, solo algo que mantener.
Va a ser duro pequeño, echaré de menos tus ¡que pasa artista!...
Busca en la cocina dos olores que al juntarlos huelen a tí.
La despedida fue distinta, fue como tenía que ser.
Ojalá un día lo leas, porque ya no hay nada que perder, ni que ganar, solo algo que mantener.
Va a ser duro pequeño, echaré de menos tus ¡que pasa artista!...
jueves, 5 de marzo de 2009
Hoy no voy a escribir una entrada etílica, hay demasiada cerveza en mis pensamientos, hay demasiadas ganas de todo y de nada, demasiadas ganas de dormir, y volver a levantarme con el contador a cero.
Demasiadas ganas de dar besos de esos que arropan, y que aunque haga mucho frío en la habitación dan calor y suenan a nana, o a nanna.
Demasiado, no es mucho, ni bastante, ni rojo ni cerca, ni bueno, ni la sensación de miradas a media tarde cuando el horizonte se pierde. Demasiado no son los nervios de esperar horas de aviones, ni trenes, ni andenes ni despedidas.
No sabría decir qué es demasiado, porque no quiero escribir ahora una entrada etílica
Demasiadas ganas de dar besos de esos que arropan, y que aunque haga mucho frío en la habitación dan calor y suenan a nana, o a nanna.
Demasiado, no es mucho, ni bastante, ni rojo ni cerca, ni bueno, ni la sensación de miradas a media tarde cuando el horizonte se pierde. Demasiado no son los nervios de esperar horas de aviones, ni trenes, ni andenes ni despedidas.
No sabría decir qué es demasiado, porque no quiero escribir ahora una entrada etílica
Hace años que soy adicta al chocolate y a la cerveza, a los besos en la frente, a ver películas solo por el título, últimamente a oler la noche de cerca y no a través de la ventana. Por algún extraño motivo los miradores me producen nostalgia, como el invierno, como el olor a azahar y a romero, canela y limón. Hace años que no me peino, que solo uso calcetines que sean de rayas, que allí donde vaya huele a café, o yo por lo menos siempre lo busco. Grito para hacerle cosquillas a mi garganta, y dicen que últimamente mucho más. Sonrío porque me da la gana, porque no me cuesta y porque la gente se contagia y también sonríe. Escribo porque no me gusta olvidar, porque un momento se llena de pequeños instantes y solo se pierden si se olvidan. Odio la lluvia, tener los pies mojados, y que me salpiquen con preguntas de por qué y hacia quien escribo.
Las salas de exposiciones no tienen a la salida una hoja de reclamaciones por si quieres decir que no te ha gustado un determinado cuadro, o la firma, o el marco, o el color, o la disposición, o el tamaño, o la temática. Es lo que hay. A unos les gusta y a otros no, unos repetirán, otros no. Cuestión de intereses.
Las salas de exposiciones no tienen a la salida una hoja de reclamaciones por si quieres decir que no te ha gustado un determinado cuadro, o la firma, o el marco, o el color, o la disposición, o el tamaño, o la temática. Es lo que hay. A unos les gusta y a otros no, unos repetirán, otros no. Cuestión de intereses.
miércoles, 4 de marzo de 2009
martes, 3 de marzo de 2009
Niveles que rebotan, que vacilan pero que de alguna manera se mantienen, espero a cerrar los ojos, y que mañana por la mañana vuelvan a estar a 0
Nivel de cansancio: alto
Nivel de aburrimiento: muy alto
Nivel de ansiedad: bastante alto
Nivel de añoranza: más más
Nivel de necesidades – o vicios-:
Cerveza: medio- alto
Tabaco: muy alto
Alcohol general: alto alto
Sexo: si si, a bastanza
Nivel de ganas de:
Dormir: bajo
Hablar italiano: alto-bastante
que me beses: rompe la balanza
descubrirte lunares: terriblemente mucho
desayunar en tu cama: vuelve a romper la balanza
Nivel de comodidad: bajo
Nivel de tomar un café en condiciones: muy muy alto (eva ven pronto que muero)
Nivel de estar hasta los cojones: alto
Esta mezcla no puede dar buenos resultados... no no
Nivel de cansancio: alto
Nivel de aburrimiento: muy alto
Nivel de ansiedad: bastante alto
Nivel de añoranza: más más
Nivel de necesidades – o vicios-:
Cerveza: medio- alto
Tabaco: muy alto
Alcohol general: alto alto
Sexo: si si, a bastanza
Nivel de ganas de:
Dormir: bajo
Hablar italiano: alto-bastante
que me beses: rompe la balanza
descubrirte lunares: terriblemente mucho
desayunar en tu cama: vuelve a romper la balanza
Nivel de comodidad: bajo
Nivel de tomar un café en condiciones: muy muy alto (eva ven pronto que muero)
Nivel de estar hasta los cojones: alto
Esta mezcla no puede dar buenos resultados... no no
lunes, 2 de marzo de 2009
Esta noche vuelvo a recaer
opto por algo que no falla,
después de haber probado otros métodos
(pensar en la semana que viene, en concreto en el lunes, en concreto por la noche, y más en concreto en tu cama, en todo lo que quiero hacer estos días antes de marcharme, intentar pensar siempre en italiano- mi-, comer chocolate, fumar, pasear, dosis pequeñas de café -creo que gran culpa de que me encuentre así tiene origen en lo de pequeñas dosis-, necesidad de recordar olores, alegrarme por ver en un escaparate la 212, dejar de mirar el movil cada cinco minutos).
rayuela
no falla
opto por algo que no falla,
después de haber probado otros métodos
(pensar en la semana que viene, en concreto en el lunes, en concreto por la noche, y más en concreto en tu cama, en todo lo que quiero hacer estos días antes de marcharme, intentar pensar siempre en italiano- mi-, comer chocolate, fumar, pasear, dosis pequeñas de café -creo que gran culpa de que me encuentre así tiene origen en lo de pequeñas dosis-, necesidad de recordar olores, alegrarme por ver en un escaparate la 212, dejar de mirar el movil cada cinco minutos).
rayuela
no falla
domingo, 1 de marzo de 2009
Hoy especialmente tengo ganas de tí, ya no me vale dar rodeos, hablando de quiensabequien, especialmente necesitada de otro cigarro a las cinco de la mañana cuando no nos alumbra nada, y la respiración empieza a reanudar su ritmo normal, y las sábanas arden de tanto calor y decidimos que es hora de dormir.
Primera llamada internacional, primeros quince minutos después de dejar atrás la estación de tren.
Primera llamada internacional, primeros quince minutos después de dejar atrás la estación de tren.
sábado, 28 de febrero de 2009
A veces, tenía la sensación de que todo fue un instante,
un instante de muchos días, y muchos meses,
instantes,
y olores y sonidos y miradas,
que no cambian
y reir como antes,
pero esta vez más alto y más cerca del suelo,
soltar el aire a la vez, en un instante,
volver a respirarlo,
y soltarlo dentro de cualquier vaso con alcohol barato,
o escupirlo.
Y mi oreja vibrando... o temblando, no lo se
pero solo a veces, no importaba.
Hoy con ganas de olvidar la sensación de estar partida,
de negociar,
de querer otra vez
una cama pequeña,
unas ganas infinitas de tener tu voz rozandome el tímpano,
y volver a contar los lunares que suben desde el ombligo
hasta el cuello,
con la punta de la nariz,
porque se me están olvidando,
porque nunca hubo sificiente luz como para verlos bien,
instantes que se vuelven conmigo,
y los utilizo como los puntos de las ies
para remarcar, supongo
un instante de muchos días, y muchos meses,
instantes,
y olores y sonidos y miradas,
que no cambian
y reir como antes,
pero esta vez más alto y más cerca del suelo,
soltar el aire a la vez, en un instante,
volver a respirarlo,
y soltarlo dentro de cualquier vaso con alcohol barato,
o escupirlo.
Y mi oreja vibrando... o temblando, no lo se
pero solo a veces, no importaba.
Hoy con ganas de olvidar la sensación de estar partida,
de negociar,
de querer otra vez
una cama pequeña,
unas ganas infinitas de tener tu voz rozandome el tímpano,
y volver a contar los lunares que suben desde el ombligo
hasta el cuello,
con la punta de la nariz,
porque se me están olvidando,
porque nunca hubo sificiente luz como para verlos bien,
instantes que se vuelven conmigo,
y los utilizo como los puntos de las ies
para remarcar, supongo
miércoles, 25 de febrero de 2009
Hoy la tarde se llama tardedehacerlamaleta y tardedetevoyaechartantodemenos, tardedenosveremosenmadridogranada, tardedenervios.
Pero esta vez no me pongo triste haciendo la maleta, me pongo triste por aquellos que la hacen y se llevan besos mios, y abrazos que duran hasta que te das la vuelta, con sonrisa estúpida, y te vas a tu casa con tu sonrisa estúpida, pensando como alguna vez te has imaginado como sería la despedida, y no se parece en nada
Pero esta vez no me pongo triste haciendo la maleta, me pongo triste por aquellos que la hacen y se llevan besos mios, y abrazos que duran hasta que te das la vuelta, con sonrisa estúpida, y te vas a tu casa con tu sonrisa estúpida, pensando como alguna vez te has imaginado como sería la despedida, y no se parece en nada
jueves, 19 de febrero de 2009
Y cada vez los problemas son menos, en verdad, puede que solo existan las huellas de los problemas, que se borran con un trapito, pero aún está en el cajón, desaparecerán, cuando yo quiera, ahora si puedo elegir cuando quiero quitarlos.
Y es que no hace falta más que una llamada de teléfono, dos voces tranquilas, cansadas, a miles de kilómetros, una sensación de felicidad ridícula, escuchar que lo primero es buscar mi felicidad, sin prisas, no tengas prisa hija, no hay que tener prisa en nada de este mundo, porque todo llega, y este es tu momento.
Este es mi momento, todo lo que me rodea, y todo lo que me empapa,
y mis padres son cojonudos, no, no son cojonudos, mis padres son la ostia...
Ay que feliz!
Y es que no hace falta más que una llamada de teléfono, dos voces tranquilas, cansadas, a miles de kilómetros, una sensación de felicidad ridícula, escuchar que lo primero es buscar mi felicidad, sin prisas, no tengas prisa hija, no hay que tener prisa en nada de este mundo, porque todo llega, y este es tu momento.
Este es mi momento, todo lo que me rodea, y todo lo que me empapa,
y mis padres son cojonudos, no, no son cojonudos, mis padres son la ostia...
Ay que feliz!
Me gusta cuando humedeces el labio de abajo, cuando lo muerdes mientras piensas en algo, me gusta que me interrumpas con besos mientras hablo, y vuelvas a empujar con la lengua todas las palabras, una a una dentro de mi boca. Me gusta que te haga reir la palabra bufanda y gorro, me gusta verte reir cuando traduzco frases literalmente y me quedo tan ancha. Y con voz bajita... muy muy bajita escuchar la palabra dulce, y no es un dulce normal, es dolce, casi aún mejor. Me gusta verte tocar la guitarra, escuchar radiohead, y vuelvas a morderte el labio y compartir el cigarro y la cerveza y que se rocen las manos torpemente como si aún no hubiera pasado nada. Me gusta que te acurruques muy cerca ronroneando alrededor buscando calor, y que me obligues a mirarte cuando tus ojos no paran de mirarme. Que imites mis expresiones, porque a tí no te salen nada bien, y que me tapes con las manta para no pasar frío. Me gusta la mueca entre sonrisa y malo de saber muy bien lo que haces y que me des un premio a la mejor acariciadora. Me gusta que todas estas cosas pasen, me gusta que todas estas cosas pasen aquí, y ahora, y quizás mañana, o esta noche, me gusta el cambio que ha tomado la noche, y el día.
Dices que es la única historia que empieza bien y acaba bien,
para mí, es una de tantas historias que empiezan bien y acaban jodiéndote por algún sitio, es inevitable.
Es inevitable pensar que he perdido el lugar, necesariamente caemos en sitios que al poco tiempo se reconocen y son tú, tu manera de despertar, de lavarte los dientes, de preparar café o de reir, o te das cuenta de que solo estas de paso, y que todas esas cosas se hacen de paso, se hacen porque hay que hacerlas, simplemente,
y en esos lugares de paso dificilmente puedes mantener historias cosidas a un futuro. Se cosen en la boca, en los besos, en la cama, en los brindis o en guerras nocturnas, de sexo y alcohol que tienen un fin, pongamos las semana que viene.
Y ahora todo funciona, sara también se ha dado cuenta, por algún motivo ahora todo gira y nos movemos con ritmos parecidos,
volver a perder a el compás, volver a buscar el que quedó latente, volver a buscar risas rojas, naranajas y azules, miedo a no encontrarlas, ojos que se abren, y oidos ásperos escuchando con suerte el viento o la lluvia de fuera.
Y anoche me quedé dormida con un cuento tatuado en mi oido, un tatuaje italiano, el más dulce y tierno pinchazo con sangre a punto de inundar los ojos,
no me jodas y me digas que es la única historia que acaba bien
para mí, es una de tantas historias que empiezan bien y acaban jodiéndote por algún sitio, es inevitable.
Es inevitable pensar que he perdido el lugar, necesariamente caemos en sitios que al poco tiempo se reconocen y son tú, tu manera de despertar, de lavarte los dientes, de preparar café o de reir, o te das cuenta de que solo estas de paso, y que todas esas cosas se hacen de paso, se hacen porque hay que hacerlas, simplemente,
y en esos lugares de paso dificilmente puedes mantener historias cosidas a un futuro. Se cosen en la boca, en los besos, en la cama, en los brindis o en guerras nocturnas, de sexo y alcohol que tienen un fin, pongamos las semana que viene.
Y ahora todo funciona, sara también se ha dado cuenta, por algún motivo ahora todo gira y nos movemos con ritmos parecidos,
volver a perder a el compás, volver a buscar el que quedó latente, volver a buscar risas rojas, naranajas y azules, miedo a no encontrarlas, ojos que se abren, y oidos ásperos escuchando con suerte el viento o la lluvia de fuera.
Y anoche me quedé dormida con un cuento tatuado en mi oido, un tatuaje italiano, el más dulce y tierno pinchazo con sangre a punto de inundar los ojos,
no me jodas y me digas que es la única historia que acaba bien
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